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viernes, 23 de marzo de 2012



Tanto la memoria como la historia reciente nos impulsan a iluminar nuestro presente y a propulsar un nuevo futuro en la vida de los pueblos.

La historia es construida a partir de la memoria colectiva, con luces y sombras; y muchas veces con dolor y resistencia.


Un 24 de marzo, pero de 1976 se daba inicio a la última dictadura militar, una etapa que atravesó la vida de los argentinos sembrando mecanismos de opresión tales como: el terror, la tortura o la desaparición de personas; aquellas se encuentran presentes en nuestra memoria (…) Aunque también -en aquellos años y a pesar del miedo- muchas madres salían a las calles a reclamar por los derechos de sus seres mas queridos: el preludio de una luz repentina que se enciende nuevamente en nuestra memoria.

Hoy, un 24 de marzo de 2012, a 36 años del ultimo Golpe de Estado, el día de la memoria nos invita a reflexionar sobre lo sucedido en aquellos años, como una forma de señalar: que toda nación democrática que aspire al respeto de los derechos humanos, debe sostenerse en criterio de dos palabras: La verdad y la Justicia.

Tal como nos cuenta un cantautor popular argentino: (…) Todo esta guardado en la memoria (…) La memoria despierta parar herir a los pueblos dormidos, que no la dejan vivir: libre como el viento (…)


“Tras 36 años del ultimo golpe de Estado aun nos falta, como sociedad, mucho por construir; mucho por aprender. Este 24 de Marzo es un día que los argentinos no debemos olvidar, por nuestra historia y por el futuro que queremos construir como sociedad.

El día de la memoria nos convoca a reflexionar y seguir luchando por los valores de la verdad, los Derechos Humanos y la Justicia.” (…). Prof: Daniela Soler.

sábado, 28 de enero de 2012

La revolucion de Mayo

La Revolucion de Mayo: Un problema metodológico

Los historiadores utilizan documentos escritos como base para construir sus análisis e hipótesis sobre el pasado. Ciertamente no son los únicos documentos que usan, pero son sin dudas los más importantes. El análisis de esta documentación presupone un problema que no siempre logramos resolver adecuadamente: los documentos del pasado son escritos cuyo significado se inserta en un sistema de creencias, convicciones, visiones que no son los nuestros. Pertenecen a otra época, a otra sociedad.

A veces, entender esto es fácil. Por ejemplo, el historiador francés Marc Bloch cuenta que en el momento de estallar la Guerra de los Cien Años (siglo XIV), el rey de Inglaterra Eduardo III envió a un obispo, Francisco, como embajador ante el dux de Venecia para obtener su apoyo. Entre los argumentos del obispo Francisco para descalificar las pretensiones de Felipe de Valois al trono francés, dijo “Si Felipe de Valois es, como afirma, el verdadero rey de Francia, que lo demuestre exponiéndose a los leones hambrientos, ya que es sabido que los leones jamás acometen a un verdadero rey”. Para historiadores del siglo XXI no es difícil entender que este criterio de legitimidad política forma parte de un sistema de creencias y que, en rigor, no hay modo de que un león reconozca a un rey, salvo que, previsiblemente, los leones no estén tan hambrientos como se afirma (porque antes algún fiel sirviente se ha encargado de darles de comer en abundancia), con lo cual aun el más común de los plebeyos salvaría su vida (obviamente, nunca lo sabremos porque antes le sería impedida la entrada). Pero, para un rey y una sociedad que cree sin dudas que el monarca es un enviado de Dios en la Tierra, la actitud de los leones muestra naturalmente la intervención divina en favor de su representante. La concepción del origen divino del poder y de la realeza es tan lejana a nuestras convicciones, que no nos resulta complicado estudiar sus rituales. Es fácil advertir que de lo que se trata es de entender a quienes piensan de una forma tan diferente. Otra cuestión es si el ritual es bien comprendido por el analista, pero ese es otro tipo de problema.

Pero a medida que aquello que analizamos se acerca a la propia experiencia vital del historiador, las cosas a este respecto se hacen más complicadas. No solo se hacen complicadas porque compartimos un sistema de creencias con nuestro objeto, sino además porque a veces no es tan claro qué se comparte y qué no.

b. ¿Qué es una nación?

Si bien la definición sobre qué es una nación aún en nuestros días se puede prestar a controversias, seguramente una buena parte de las definiciones admitirían que una nación es un grupo humano que comparte una serie de atributos, que pueden ser culturales, étnicos, un lenguaje y, además, diríamos que una de esas características es compartir un pasado, una historia. También que este grupo humano puede o no formar un Estado independiente, pero en general el ideal es que toda nación lo tenga. Por eso, en nuestra época se habla de los Estados-nación como la forma más natural, habitual y aceptada de conformar un Estado. Sin embargo, tenemos bien claro que en términos puramente analíticos, nación y Estado no son la misma cosa: una alude al grupo humano, la otra a la organización de un poder político independiente. La palabra patria funciona casi como un sinónimo de nación; así entonces consideramos a la Argentina nuestra nación y, por eso, nuestra patria. Por esa razón, cuando entonamos las estrofas del Himno Nacional no tenemos dudas: “el gran pueblo argentino” al que saluda el verso alude a quienes hoy consideramos a la Argentina como nuestra patria; la “nueva y gloriosa nación” es el Estado nacional llamado Argentina.

Pero a comienzos del la primer mitad del XIX, cuando López y Planes escribió esos versos, las cosas no eran así. El vocablo “nación” era sinónimo de “Estado” o “corona” ya que indicaba la presencia de un cuerpo político regido por un rey. Un dato clave: la pertenencia a este cuerpo político de ninguna manera suponía la existencia de un grupo humano con una identidad étnica o cultural común. Por el contrario: lo propio de las monarquías modernas era que los reyes gobernaban sobre sociedades por demás diversas y variopintas. Incluso solían tener lenguas muy diferentes. Nadie creía que compartieran una historia común, ni siquiera las mismas leyes, ya que cada provincia, región o reino tenía sus propios estatutos y su propia relación jurídica con el rey. El rey era, entonces, lo único que en principio compartían los miembros de un reino, como por ejemplo, el español.

En cambio, la gente se identificaba con lo que hoy llamaríamos "el pago chico", es decir la ciudad, la aldea o la región: a este lugar lo llamaban "patria", es decir, utilizaban el vocablo en su sentido más literal, la tierra de sus padres. La patria, en el lenguaje de aquella época, constituía una comunidad real.

c. La “argentina” antes de la Argentina: el lenguaje político de la Revolución

El historiador José Carlos Chiaramonte se ha dedicado a estudiar este problema: ¿cuál era el significado de las palabras en 1810? Empecemos por la más significativa, el vocablo “argentina”. En principio, deriva del latín argentum, que significa "plata". Fue utilizado por primera vez en 1602 en un poema de Martín del Barco Centenera, como un recurso poético para nombrar a la región cercana al Río de la Plata que todavía formaba parte del Virreinato del Perú. Cuando en 1776 se crea el Virreinato del Río de la Plata con capital en Buenos Aires, su uso era más común, siempre para nombrar a la zona rioplatense y a la población oficialmente blanca instalada en la zona, sin importar que hubiera nacido en España o América. No se utilizaba el sustantivo Argentina, sino el calificativo, argentino/a. En cambio, no existía nada parecido a un gentilicio que nominara específicamente a los habitantes del virreinato, ya que este era sólo una unidad de tipo administrativo y de ella no se desprendía ningún tipo de identidad común.

Tomemos un par de ejemplos citados por Chiaramonte. Un nativo y habitante de la ciudad del Tucumán se identificaba primero como perteneciente a la nación española en oposición a los súbditos de otras monarquías como Francia o Inglaterra; se decía americano frente a los nacidos en España; finalmente era tucumano para distinguirse de los peruanos o los cuyanos. Su nación era España, pero su patria era Tucumán, ya que la palabra patria definía al “pago chico” donde se había nacido. De igual forma, un nativo y habitante de la ciudad de Buenos Aires era miembro de la nación española, americano y rioplatense o argentino. La palabra rioplatense o argentino remitía a la patria de esta persona, es decir a la región donde había nacido, pero de ninguna manera a su nación, que no era otra que España. Tampoco existía todavía una nación americana, ya que la palabra americano era utilizada para distinguir a los súbditos españoles nacidos en América de aquellos nacidos en la península: era sinónimo de criollo.

Sin embargo, a comienzos de siglo XIX se registra un leve cambio: argentino/a comienza a ser utilizada como sinónimo de habitante del virreinato, manifestando el poder que Buenos Aires comenzaba a ejercer sobre el resto del territorio. Pero, sugiere Chiaramonte, este uso solo se daba cuando el emisor era un observador externo: para los habitantes del virreinato, y en particular los del interior –como el caso de nuestro tucumano –, argentino seguía definiendo a un habitante de Buenos Aires, de ninguna manera a él mismo.

La captura del rey de España por parte de Napoleón complicó mucho más las cosas. Sin un rey legítimo: ¿quién gobernaba, entonces, los reinos y vicerreinos que componían la monarquía?

Sabemos que en muchas ciudades de España se formaron juntas que asumieron el poder y se organizaron para resistir la ocupación francesa. En América sucedió algo parecido: las juntas de gobierno que aparecen durante el año 1810 replicaron lo que estaba sucediendo en España. El argumento –denominado de “retroversión de la soberanía”– era que en ausencia de un monarca legítimo la soberanía volvía a su tenedor originario. Desaparecida la autoridad central, el poder político se fragmentó y cada una de estas nuevas autoridades (las Juntas) se transformó en un Estado potencial, es decir, según el lenguaje de la época, en una nación potencial. Este es el sentido que la expresión nación argentina tiene en la Marcha Patriótica de López y Planes: define al nuevo cuerpo político rioplatense que se da sus propias autoridades aunque, en principio, lo hace en resguardo de los derechos de Fernando VII, preso en Francia.

Sin embargo, esta forma de identidad no se utiliza con mucha frecuencia, sobre todo en comparación con la de americano, que cobra una gran fuerza a raíz de la guerra contra los realistas. Se ha dicho que el espíritu americanista de San Martín y Bolívar constituía una gran excepción hija de su genio y, sin embargo, este era el único espíritu posible para los guerreros de la independencia, ya que los nuevos Estados (ellos mismos por demás endebles) aún no conformaban ningún tipo de identidad “nacional” particular. En cambio, la palabra argentina sigue teniendo una referencia demasiado ligada a Buenos Aires, y si se utilizó es, justamente, porque el movimiento de mayo de 1810 es un movimiento nacido esencialmente en el ámbito porteño. Pero en cuanto trascendió a esa ciudad siempre quedó opacada frente al gentilicio americano.

Al mismo tiempo, se produce una extensión de la idea de patria al calor de las guerras revolucionarias: los revolucionarios se llaman a sí mismos patriotas, lo cual significa a la vez americano y revolucionario. Tomada del lenguaje de la Revolución Francesa, la palabra patriota indica ahora la comunidad fraternal (no por casualidad la palabra “fraternidad” forma parte de la famosa tríada revolucionaria francesa junto con igualdad y libertad) que adhiere a la nueva situación política en nombre de la libertad.


Ciudades y provincias

Corría el año 1854. Buenos Aires, ya no formaba parte de la Confederación Argentina, gobernada por Justo José de Urquiza y con capital en la ciudad de Paraná. La revolución del 11 de septiembre de 1852 había llevado el enfrentamiento entre los liberales porteños y el jefe federal al campo de batalla. La Constitución de 1853, carta de nacimiento de la Confederación Argentina, no involucraba todavía a la provincia bonaerense. Por eso, la provincia, que funcionaba como un verdadero Estado independiente, discutía su propia Constitución. En ese congreso constituyente se planteó un espinoso debate, en ocasión de la discusión del problema del ejercicio de la soberanía exterior de la provincia: ¿cómo debía ubicarse la provincia en relación con la Confederación? Por un lado, los autonomistas, liderados por Valentín y Adolfo Alsina, sostenían una posición muy dura en favor de la autonomía provincial. Por otro lado, los nacionalistas, liderados por Bartolomé Mitre, sostenían que la Constitución no debía incluir ninguna cláusula que entorpeciera la futura unión. El principal argumento para defender su posición fue la historia. Leamos sus frases:

“Hay, señores, un pacto, un derecho, una ley anterior y superior a toda Constitución, a esta Constitución, así como a cualquier otra que nos demos más adelante. Hay, señores, una Nación preexistente, y esa Nación es nuestra patria, la patria de los argentinos. El pacto social de esa Nación. El derecho, la ley preexistente que debe servirnos de norma, se halla aquí en este mismo recinto. Allí está: es el acta inmortal de nuestra independencia, firmada en Tucumán el 9 de julio de 1816 por las provincias unidas en congreso.”

El argumento es bien claro: la nación argentina preexiste a las provincias. Sus derechos son anteriores a ellas (incluyendo Buenos Aires) desde el momento en que se realizó la jura de la independencia en 1816. Esta idea anticipa otras que Mitre volcará en su Historia de Belgrano, y especialmente su hipótesis de que el principio de identidad nacional aparece en el Río de la Plata, en un sentido estructural por su situación marginal en el imperio español, y en un sentido más coyuntural a partir de fines del siglo XVIII por las invasiones inglesas: Mitre identifica la identidad criolla-americana con la identidad nacional argentina. No es difícil reconocer este argumento: ha sido la base sobre la cual se han desarrollado varias décadas de historiografía. Así, por ejemplo, nos hemos acostumbrado a entender el período que se abre en 1820 como el de la “anarquía” o “las guerras civiles” en tanto se da por supuesta la existencia de una nación y de una identidad nacional (un ejemplo típico de esta confusión es el debate sobre el carácter “argentino” de José Gervasio Artigas, un debate que –como hemos visto– carece de todo sentido en el marco de las identidades de las primeras décadas del siglo XIX). Esto le permitió a Mitre identificar a los caudillos provinciales como los principales obstáculos para la formación del Estado nacional, símbolos a la vez de la anarquía y de la ausencia de instituciones. Pero, lo que tal vez era un poco más cierto en los años en los que a Mitre le tocó ser presidente, cuando el Estado nacional ya existía y caudillos como Felipe Varela o el Chacho Peñaloza lo enfrentaban (aunque es importante recordar que la última provincia que se alzó en armas contra el Estado nacional fue la propia Buenos Aires en 1880), no lo eran (es decir, símbolos de la anarquía) en momentos en los cuales dicho Estado no existía.

Podría decirse que la imagen mitrista de la historia argentina presupone la existencia de una nación y, en todo caso, conflictos y anarquías dentro de ella. Pero en nuestros días no es esa la visión que prevalece. Ya los autores de la Nueva Escuela habían advertido sobre el rol de los caudillos provinciales en la construcción del Estado. Las hipótesis más consensuadas en nuestros días han invertido la secuencia del problema: lejos de partir de una unidad nacional del todo inexistente en 1810 o 1816, trabajan sobre la destrucción de la unidad administrativa virreinal y el fracaso de los dos intentos unificadores (el porteño y el artiguista), para llamar la atención sobre otro problema: el de la dispersión del poder provocada por la revolución pero, sobre todo, por la guerra que le sigue. La guerra, al multiplicar las situaciones de hecho, es decir, al otorgar poder a aquellos que son capaces de reclutar gente y pertrechos, hace de los jefes guerreros los hombres fuertes de la situación. Esto es una novedad: hasta 1810 los militares no solían ocupar una posición relevante, al menos en un virreinato dominado por una ciudad más bien dedicada al comercio que a la guerra. El más temprano y notorio ejemplo es el de Artigas, no porque fuera él mismo un personaje marginal –ni él ni su familia lo eran– sino porque es toda la banda oriental del Uruguay la que gracias a la guerra pasa a ocupar un lugar privilegiado en la política rioplatense, un lugar que hasta el estallido de la Revolución jamás hubiera imaginado ocupar. Pero sería un error creer que esta dispersión del poder se dio en el marco de la ausencia de instituciones legales o de visiones e ideas políticas. Los jóvenes románticos, con Sarmiento a la cabeza, popularizaron la idea de que los caudillos eran jefes militares arbitrarios y que sus regímenes carecían de todo marco legal; sin embargo, las cosas no eran así. La dispersión del poder se dio en el marco de una serie de ideas jurídicas propias del mundo hispano y, a su vez, influidas en mayor o menor grado por otras ideas provenientes de las grandes revoluciones producidas en Francia y en los Estados Unidos.


SITIOS WEB

A continuación les sugerimos algunos sitios en los cuales es posible acceder a información, documentos originales y otros elementos para seguir investigando o llevar al aula. Se trata de los siguientes:

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Biblioteca Digital Argentina

Este sitio, responsabilidad del Grupo Clarín, cuenta con una enorme cantidad de libros digitalizados, muchos de ellos pertenecientes a actores de la política del siglo XIX y XX. Se trata de obras representativas de la literatura nacional, algunas de difícil acceso. Los textos están publicados íntegramente, respetando, dentro de lo prudente, las características de las versiones originales.

Está muy bien organizada para encontrar los textos por título o autor. Es muy recomendable visitar el sitio para saber que disponemos de esos libros en nuestras computadoras.

El sitio cuenta con enlaces a bibliotecas electrónicas, bibliotecas nacionales y otros sitios de literatura.

· Biblioteca Digital Ayacucho

La Biblioteca Ayacucho, de Venezuela, publicó durante muchos años los textos clásicos de la literatura y el pensamiento latinoamericano. Hace unos años, la editorial ha decidido escanear y poner online buena parte de esos libros, muchos de ellos de enorme interés para los historiadores.

· Discursos Presidentes Argentinos

El link corresponde a un sitio de la Universidad de Texas, en el cual se han escaneado discursos presidenciales de buena parte de los países de América Latina, incluyendo de la Argentina. En este último caso, incluyen discursos que van desde 1810 hasta la presidencia de Carlos Menem. En general, se trata de los discursos de apertura de sesiones de las cámaras, pero hay también otros. Es de muy fácil acceso y lectura.

· Historia Política

En esta página podrán encontrar una extensa biblioteca con artículos sobre temas de historia política argentina. Patrocinada por el Programa Buenos Aires de Historia Política, en la sección Biblioteca se pueden hallar textos de interés para el conocimiento de la historia política nacional y también de problemas teóricos o historiográficos más generales.

Fuente: Educar: La revolucion de Mayo y la construccion del Estado Nacional.- Ministerio de Educacion, presidencia de la Nacion. Año 2011.-

martes, 22 de noviembre de 2011

¿Que fue la Ley 817?

El 6 de octubre de 1876 fue sancionada la ley Nº 817 de Inmigración y Colonización, que significó un acontecimiento trascendental y de positiva proyección para el devenir demográfico del país. Este instrumento legal fue promulgado trece días más tarde, es decir, el 19 de octubre de 1876. La iniciativa de esta previsora ley le correspondió al entonces presidente de la nación Dr. Nicolás Avellaneda quien ejerciera su cargo desde el 12 de octubre de 1874 hasta el mismo día de 1880.

Antes la necesidad de aprovechar las grandes extensiones de tierra de nuestro país elevó al Congreso esta ley que daba pautas sobre la inmigración y la colonización.

Precisamente a él se debe una frase muy difundida en la época y que resumía un poco su pensamiento: "Todo está salvado cuando hay un pueblo que trabaja".

Conocida también como Ley Avellaneda, este instrumento legal conformaba una política sensata sobre ambos aspectos, es decir, que no anulaba las posibilidades de la inmigración espontánea, pero daba oportunidad de realizar una adecuada selección de los inmigrantes. Permitió además la distribución más equitativa de los territorios a colonizar.

La Ley de Inmigración fue producto de una época difícil y constituyó un conjunto de normas, muy sumarias, con el fin de captar trabajadores manuales en gran cantidad para desplegar intensamente las tareas en el campo. En ella se definía los requisitos y procedimientos propios de aquella época, siendo uno de los aspectos más importantes el que ella complementaba y asignaba extensividad a las disposiciones constitucionales, por cuanto tuvo la virtud de inaugurar el equipamiento de los derechos civiles de los argentinos y de los extranjeros, proporcionado una trascendente unidad en los aspectos laborales, institucionales y de productividad, que se concretaron en el extraordinario desarrollo integral de todos los sectores del quehacer nacional.

Inmediatamente después de la promulgación de la Ley 817, comenzó su difusión en todos los países, fundamentales en Europa y allí, haciendo mayor hincapié, en Italia y Austria. En estas dos naciones se nombraron agentes de inmigración que debían ser quienes organizaran las tareas relativas a hacer conocer a fondo las ventajas que ofrecía el gobierno argentino a toda persona que quisiera radicarse en este territorio para colonizarlo. En la zona que en ese momento pertenecía a Austria la campaña fue fácil, no así en Italia que se resistía a dejar salir en forma masiva a sus hijos para radicarse en otro país.

De cualquier manera, por el empeño puesto de manifiesto por el Cónsul Argentino en Génova, Dr. Eduardo Calvari, por la labor inicial de los agentes de inmigración y por el gran interés despertado en la gente que por sí misma proporcionaba la idea, muchos fueron los interesados en embarcarse hacia América para iniciar una nueva vida.

viernes, 28 de octubre de 2011

La Guerra Civil Española. (1936-1939).

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


¿Cuál era esa España agónica simbolizada aun hoy, por el octogenario Francisco Franco, que aclamaba la muerte? España es, en 1936, esencialmente un país agrícola.

En 1931 se contabilizaban 2 millones de obreros rurales (obreros sin tierra), mientras que 50.000 hidalgos, apegados a las más envilecedoras tradiciones del latifundismo, poseían la mitad de las tierras de España. Un millón y medio de campesinos dueños de una insignificante hectárea cada uno, debían servir servicios en las tierras de los señores para sobrevivir. Por otro lado, 10.000 señores poseían extensiones que superaban las 100 hectáreas. En Sevilla, por ejemplo el 5% de los propietarios poseía el 72% de las tierras.

A comienzos de 1936, los salarios de los obreros agrícolas oscilaban entre 0,60 y 3 pesetas. Y en estas condiciones: trabajaba desde la salida hasta la puesta del sol.

En definitiva: lo campesinos vivían en su mayoría reducidos a la condición de braceros, azotados por las exacciones de los capataces y la voracidad de los señores, quienes, por capricho o con el ánimo de frenar el mas elemental impulso reivindicatorio, destinaban sus tierras a la caza o la dejaban en barbecho. El campo español, miserable, feudal, atrasado, guardaba en su seno la más formidable reserva de odio de clases: bastaría una chispa, para incendiarlo.

El aristócrata español vivía en la monarquía, su régimen natural. Se despreocupaba de imprimirle a sus dominios un ritmo capitalista avanzado; le interesaba, en cambio, seguir oprimiendo a una mano de obra barata. Ante los temblores populares, obreros y campesinos, buscaron expresarse políticamente. Una de sus organizaciones fue el Partido de la Renovación Española, dirigido por José Calvo Sotelo, admirador confeso del nazismo y del fascismo y muerto por una escuadra de obreros y soldados republicanos, en vísperas del levantamiento del 18 de julio de 1936[1].

Otro sector monárquico estaba representado por la Comunión Tradicionalista, con base en Navarra. Se lo denominaba también el movimiento “carlista”, que con la divisa “Dios, Patria, Rey” pretendía la restauración en el trono de Alfonso Carlos[2]. El 31 de marzo de 1934, estos movimientos a los que se unió el general Barrera, en nombre del ejército firmaron, en Roma, un acuerdo con Mussolini: este pretendía armas y dinero para derrocar a la Republica.

A esa España negra deben añadirse dos instituciones que tuvieron un papel de primer orden en la conjura antirrepublicana: la Iglesia y el ejército.

LAS FUERZAS: Una encuesta del Ministerio de Justicia, conocida después de la proclamación de la Republica (14 de abril de 1931), señalaba que la Iglesia era dueña de 11.000 propiedades. Así mismo, verificaba su más considerable magnitud en el mundo de la banca, los negocios, la industria y las propiedades urbanas. Controlaba directamente o por intermedio de testaferros, las finas de cobre del Rif, los tranvías de Madrid, los ferrocarriles del norte y otras empresas. Monopolizaba la enseñanza en un país en el que se contaban 12 millones de analfabetos. Pero este poderío material e ideológico tuvo traducciones violentas y, de hecho inevitables: las masas que incendiaron iglesias y conventos, en mayo de 1931[3], vieron en la secular institución el aliado más fiel e intransigente de los enemigos del progreso social.

El ejercito, abrumado por amargas derrotas, que iban desde la independencia de América Latina, hasta la humillación infligida por los norteamericanos en Cuba; desde la sangrienta contienda con el caudillo marroquí Abd-el-Krim, que se prolonga 5 años (1921-26)[4], hasta asumir la función de arbitro en los enfrentamientos de clase en tierra hispánica; se prepara, por razones de castas, para su gran pronunciamiento. Su primer intento contra la Republica lo encabeza el general Sanjurjo, el 12 de agosto de 1932 (la Sanjurjada). Fracasa debido a la huelga general desatada por los obreros sevillanos; Sanjurjo, en su descargo, afirma que el fallido alzamiento tenía como objetivo, impedir la tibia reforma agraria decretada por el gobierno, anular el estatuto autónomo de Cataluña y obtener el retorno de los jesuitas.

Los oficiales, que provenían de la mediana y alta burguesía, se mostraban cada vez mas irritados por los reclamos perentorios de los trabajadores.

Para tener una idea de lo que fue la guerra civil en el bando FALANGISTA[5], debe señalarse que había un oficial cada 6 soldados, un general cada 100. De allí a la centralización y el mando único por el terror y los escarmientos había menos que un paso. Las inclinaciones políticas de la inmensa mayoría de esa oficialidad las dibujo el coronel Doval, jefe de Orden Publico en Asturias, quien a raíz del levantamiento obrero manifestó que estaba “decidido a exterminar la simiente revolucionaria hasta en el vientre de las madres”.

LA BURGUESIA: la burguesía española mostró en 1936, que tenía sus relojes irremediablemente detenidos. Imposibilitada de empuñar el timón del cambio, acomplejada por el pasado glorioso de la aristocracia, recelosa de las turbulencias del proletariado, solo atino a aliarse a los terratenientes. Esto impidió dar un impulso vigoroso a la economía española: habría que afectar para ello los intereses de los dueños de la tierra y los inversionistas extranjeros.

LA CLASE OBRERA: Derrotada por el marxismo en el terreno ideológico, político y organizativo, la concepción bakuninista, encuentra refugio en España, país con débil desarrollo capitalista, de escasa concentración industrial, y donde innumerables lazos ligan al jornalero agrícola con el obrero de la ciudad. Los discípulos de Bakunin, que rechazaban cualquier tipo de poder político revolucionario, en tanto adversarios absolutos del Estado, veían retratarse a la sociedad del futuro en la “comuna libre”, esa singular especie de Fuenteovejuna [6], que tantos puntos de contacto tenia con las comunidades campesinas medievales, cuna de revueltas desesperadas e infructuosas.

Pedagogos como Francisco Ferrer y sindicalistas, unidos a núcleos libertarios catalanes, propiciaron, en 1911, el Nacimiento de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), que dirigió las huelgas en Cataluña a partir del año 1917. El levantamiento de la base naval de Kronstad, en Rusia, contra el gobierno bolchevique y su consiguiente aplastamiento, se convirtieron en escollos difíciles de sortear en cuanto a la incorporación de la CNT a la III internacional con cede en Moscú.

En 1927, se constituye la Federación Anarquista Ibérica (FAI), con avasalladora influencia sobre la CNT. La FAI acaudilla insurrecciones de duración efímera, pero dotadas de un alto grado de violencia. Un grupo de sindicalistas que criticaban el abandono de las reivindicaciones obreras, la imposición del “comunismo libertario” a ultranza formaron los “sindicatos de oposición”, excluidos de la CNT. Paradójicamente, mientras las CNT-FAI, se mantuvieron al margen de la insurrección obrera de Asturias[7], los “sindicatos de oposición”, acusados de reformistas, le prestaron su apoyo.

Las CNT-FAI, con enorme influencia sobre el movimiento obrero, se quedaron rezagadas frente al complejo panorama económico-social que ofrecía la España de 1936. Sus planteos entorno a la “comuna”, su desautorización explicita del Estado, su hostilidad declarada a la autoridad política las condujeron a callejones sin salida y, mas allá de la subjetividad de sus dirigentes y de su empuje revolucionario, a subordinarse a las propuestas de los partidos moderados que se alinearon a favor de la Republica.

En 1888, los líderes socialistas Mora y García Quejido fundaron la Unión General de Trabajadores (UGT), si bien esta tuvo un crecimiento lento, para 1934, sus adherentes sumaban 1.250.000. Debe tomarse en cuenta que, en 1934, la Republica facilito la propaganda sindical y que el socialista Francisco Largo Caballero, al que se llagaría “el Lenin español”, fue ministro de gobierno de Azaña[8] en los primeros años de la década de 1930.

La presencia de la UGT era visible entre los mineros de Asturias y de Río Tinto, los metalúrgicos de Bilbao y en la región de Madrid. La CNT, por su parte, organizo a los braceros andaluces y tenia importantes bastiones en Cataluña y entre los obreros de la construcción en Madrid. En 1935, ambas organizaciones sindicales, agrupaban cada una a un millón y medio de trabajadores. En el mapa gremial de España, la CNT y la UGT – sea en las grandes ciudades, sea en el campo – mostraban un poderío equivalente, y sus bases, extraordinariamente combativas, desbordaban el idealismo utópico de la primera y ciertos anquilosamientos burocráticos de la segunda.

. . . Y SUS PARTIDOS: En 1879, se funda el Partido Socialista, como una prolongación, entre otras cosas, de la amplia disputa que enfrento en la I Internacional a Marx con Bakunin. Entre los fundadores del socialismo español revistaba Paúl Lafargue, yerno del autor de “El Capital”. Partido legal en 1881, lanza su primer seminario, el Socialista, en 1886. La estructura del régimen monárquico español –que impedía el ejercicio efectivo de las prácticas democráticas como en Francia y, aun en Alemania- y la influencia de las concepciones socialdemócratas esterilizaron, durante largo tiempo, al socialismo ibérico. Y, por contraste, alentaron el crecimiento desigual e inconstante del anarquismo, partidario de la acción directa, del putsch y el golpe de mano. Pero la predica incesante y pedagógica de los socialistas término por dar sus frutos: la UGT, las Casas del Pueblo[9] por toda España, 200.000 afiliados en 1918.

La adhesión a la III Internacional determino un cisma en el Partido Socialista. Pese a la seducción que la Revolución Rusa ejercía sobre la militancia, un congreso extraordinario decidió rechazar las famosas “21 condiciones” que reglaban el ingreso a la Internacional fundada por Lenin.

Mora y García Quejido, fundadores de la UGT, rompieron con el Partido Socialista, y junto con militantes de la CNT, con Andrés Nin futuro líder del Partido Obrero por la Unificación Marxista (POUM), crearon el Partido Comunista Español.

No fue esta la única convulsión que padeció el Partido Socialista, Francisco Largo Caballero, secretario general de la UGT, colaboro con la dictadura del general Primo de Rivera en carácter de consejero de Estado. Posteriormente en 1933 fue Ministro de Trabajo del Gobierno de Azaña que, cuando fue desplazado por el triunfo electoral de la derecha, dejo un saldo que habla por si mismo: solo 12.000 campesinos, entre millones con hambre de tierra, recibieron una parcela a pagar a los terratenientes; 25 braceros asesinados por la Guardia Civil en Casas Viejas, Andalucía (enero 1933); 9.000 militantes obreros en las cárceles.

Pero la victoria electoral de la derecha y el levantamiento de Asturias en 1934 llevan a Largo Caballero, a proponer la “Alianza Obrera”, frente único de partidos y sindicatos de trabajadores, alianza a la cual niegan su concurso los comunistas y la CNT, salvo en Asturias.

Largo Caballero se autocrítica en la practica, y aparece como la cabeza de lo que hoy se denomina, con una reiteración que confunde y quita exactitud al termino de la “ultra-izquierda” del Partido Socialista.

El centro, con oportunos deslizamientos a la derecha, tenía en Indalecio Prieto a su jefe más hábil. Julián Besteiro, uno de los entregadores de la Republica, en 1939, se ubicaba, nítidamente, en el ala derecha del partido.

Tres vertientes se conjugaron para la creación del Partido Comunista:

* Miembros de las juventudes socialistas;

* Integrantes de la minoría socialista: García Quejido, Anguiano, Almoneda y otros;

* Y un grupo de dirigentes de la CNT, entre los que se destacan Andrés Nin y Joaquín Maurín. Posteriormente, García Quejido y Lamodena reingresaron al Partido Socialista. Durante la dictadura de Primo de Rivera[10], el Partido Comunista vivió una intensa lucha ideológica que, a diferencia de lo ocurrido con el PC Chino, lo coloco de espaldas a la realidad nacional. Es decir: vivió más atento a las directivas de la Internacional Comunista que al examen minucioso de la lucha de clases en España.

Hacia 1930, el PC había perdido la mayoría de los militantes con que se inicio en la vida política. En 1930, se escinde del PC la Federación Catalana-Balear, que se fusiona luego con el PC Catalán para formar el Bloque Obrero y Campesino. En 1935, dicho bloque se unifica con la izquierda comunista liderada por Andrés Nin, bajo la sigla del POUM.

Mientras los socialistas colaboraban con la Republica nacida en 1931, siguiendo los derroteros de la socialdemocracia europea, y los anarquistas ponían a un mismo nivel monarquía e instituciones democráticas, el PC lanzaba la consigna: “¡Abajo la Republica burguesa de los capitalistas, generales y el clero!” “¡Por la Republica de los soviets de obreros, soldados y campesinos!”

El primer secretario general que tuvo el PC, Oscar Pérez Solís, “evoluciono” hasta llegar a las filas de la falange. En 1932 el secretario general, Bullejos, y otros dirigentes son expulsados de la organización: se los acusa de “oportunistas” por haber propuesto defender la republica del golpe de Estado del general Sanjurjo. Aparece, después, una camada de líderes jóvenes: José Díaz, Vicente Uribe, Jesús Hernández. Pero quien descuella es Dolores Ibarruri, LA PASIONARIA.

El PC pasa de calificar a los socialistas de “social-fascistas” a predicar la necesidad de un Frente Popular del cual, como diría Dimitrov en el VII Congreso de la Internacional Comunista, se habían eliminado “las frases sonoras sobre las perspectivas revolucionarias”.

La campaña unitaria, en el plano sindical y político, del PC dio sus resultados: el 24 de julio de 1936 se forma el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), con más de 20.000 afiliados y que tiene a su frente a Santiago Carrillo, actual secretario del PCE.

El crecimiento del PC, explicable por la abnegación de sus afiliados, por su capacidad de organización, por las iniciativas revolucionarias que adopto en uno u otro momento de la guerra civil, y por el prestigio de la URSS, queda reflejado en estas cifras:

*en 1935, 20.000 afiliados; *marzo de 1936, 84.000;

*julio de 1936 (mes de la insurrección franquista) 100.000;

*diciembre de 1936, 250.000; *noviembre 1937, 398.000.



miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Que fue de la URSS tras la muerte de Stalin?



SIGLO MUNDO: La URSS después de Stalin:


· La URSS después de Stalin:

Muerto Stalin, en 1953, se agudiza en la URSS la sorda lucha por el poder que venia librándose en todo el periodo anterior y que seria decisiva para el rumbo futuro de ese país.

Si bien esta disputa parecía originalmente como una discusión sobre caminos que llevaban a un mismo fin era distinto en una y otra propuesta.

La discusión trascendería rápidamente las fronteras del primer estado socialista.

Ello ocurría por sus implicancias internas y externas, dado el peso decisivo del potencial económico soviético, segundo solo después del de los Estados Unidos, y las incidencias de su política en el proletariado y los pueblos y naciones oprimidas y en lucha por su liberación.

Finalmente, el triunfo de la línea sancionada en el XX Congreso del PCUS, en 1956, provocara un desgarramiento profundo en el campo socialista que de hecho se había formado en la posguerra y una redefinición de todas las relaciones entre los países a nivel mundial.

Estos debates se referían fundamentalmente al camino de la construcción socialista, en particular el papel de la circulación mercantil, en lo interno y a las relaciones con el imperialismo en lo internacional.

Quienes postulaban una posición “ortodoxa” sostenían, por ejemplo, la necesidad de avanzar en el proceso de colectivización de la economía e “ir reduciendo paso a paso la esfera de la circulación mercantil”.

También sostenían que en el plano de la relación entre las naciones, mientras subsistiera el imperialismo, las guerras serian inevitables y que por lo tanto, la política de la coexistencia pacifica no podía significar de ninguna manera la resignación del apoyo a la lucha liberadora de los pueblos ni tampoco la ilusión de resolver pacíficamente las contradicciones que se desarrollan en el mundo.

Los opositores a esta tesis planteaban, que era imprescindible desarrollar las relaciones mercantil-dinerarias utilizando el beneficio como principio rector de la marcha de las empresas. Y que, en las relaciones internacionales, la política de la “Guerra fría” debía dar lugar a una política de emulación pacifica entre los países de distinto sistema económico, pues el poderío del campo socialista podía modificar el carácter agresivo y belicoso del imperialismo.

De más esta explicitar que la primera exposición fue defendida por Stalin.

Sin embargo, a su muerte, esta posición fue paulatinamente abandonada y tres años después, en 1956, se la paso a atacar abiertamente.

El principal gestor de este viraje fue NIKITA KRUSCHEV, quien con posterioridad al XX Congreso llegaría a dirigir la URSS hasta 1964.

Kruschev critico a quienes habían planteado la necesidad de sustituir el comercio por el intercambio directo de productos y fustigo a “los utopistas” que plantearon el paso “inmediato” al comunismo.

Kruschev, también en el XX Congreso esbozo las tesis fundamentales de la nueva orientación que regiría en la URSS, ejemplo para los autores de “marxismo no dogmático, creador” y para sus polemistas, en particular el partido comunista de China, de lo que se dio a llamar como “Moderno revisionismo o neorrevisionismo”. La esencia de tales tesis era: Emulación pacifica con el imperialismo y transición pacifica, parlamentaria al socialismo.

a) El ascenso de Kruschev:

El XX Congreso del PCUS en 1956, marco el encumbramiento de la nueva línea. En su informe secreto Kruschev descalifico toda la política de Stalin empleando un lenguaje virulento.

Al caracterizar al periodo de Stalin como “Dogmático” y como el “reinado del terror” se sentaba la base para plantear la necesidad de producir un viraje total. ¿En que consistía este viraje? Según los nuevos dirigentes en abandonar el voluntarismo y el utopismo, apelar a los resortes económicos.

La descalificación hacia Stalin, a la vez, golpeaba a los dirigentes que habían colaborado estrechamente con el.

La nueva corriente utilizo a fondo los aspectos negativos de la situación existente en la época de Stalin, tales como el dogmatismo, el burocratismo, y la represión extralimitada, no para indagar las causas históricas, sociales, políticas y teóricas de aquellos, encarando su superación en el camino de profundizar la revolución socialista y marchar al comunismo, sino para invalidar en bloque la política practicada por Stalin y justificar la necesidad de una nueva política.

Además de la campaña anti-Stalin hubo una política de apaciguamiento de los EEUU y de hostilidad – luego de la ruptura- hacia China. El otro fue el desplazamiento en 1957 del grupo Molotov, mayoritario en el presidium.

Kruschev apelo a Zhukov, que fue restituido como jefe militar después de la muerte de Stalin, para lograr la adhesión de las fuerzas armadas. Después de consolidarse, en octubre de ese año, Kruschev desplazo a Zhukov y finalmente, en Mayo de 1958 asumió el cargo de Presidente del consejo, destituyendo a Bulganin.

b) Hechos decisivos:

Durante el periodo que va desde 1953 a 1960 que es el de consolidación en el gobierno de la URSS del grupo encabezado por Nikita Kruschev se puede destacar los siguientes hechos sobre el telón de fondo de la campaña anti-Stalin:

1. La consagración de las nuevas tesis en el congreso de 1956 y el mencionado cambio de timón en 1957.

2. La venta de los tractores y las maquinas agrícolas a los koljoses.

3. El inicio de la campaña política e ideológica a favor de los resortes económicos y los incentivos materiales.

4. La presión sobre China (a mediados de 1958) para que aceptara crear un “comando militar unificado” en el extremo oriente, lo que significaba de hecho, como ocurrió en Mongolia, poner a china bajo el control militar soviético.

En este periodo Kruschev se lanzo vigorosamente a concluir un acuerdo entre los dos grandes. Consideraba que dado, que era fundamental terminar con la guerra fría, y tomando en cuenta todas las dificultades que impedían convocar una conferencia de los dos sistemas sociales. Lo mejor era celebrar una conferencia cumbre entre los jefes de los Estados unidos y la Unión soviética.

En 1959 se produjo el encuentro entre Kruschev y Eisenhower.

El nuevo rumbo agudizaría el enfrentamiento con la republica popular China, la dirección de cuyo partido combatió las tesis y el camino kruschoviano.

Los dirigentes soviéticos respondieron con lo que según su teoría era lo fundamental: el arma económica.

A mediados de 1960 retiro bruscamente los técnicos soviéticos que trabajaban en China y suspendió totalmente la ayuda económica.

c) Depuraciones:

A fines de 1961 se realizo el XII Congreso del PCUS, en el que Kruschev trato de consolidar definitivamente su línea y que marca el punto de culminación de toda una serie de campañas de “depuración” que abarcaron todo el país, desde el nivel central hasta los niveles locales, desde los organismos dirigentes del partido y del gobierno hasta los departamentos económicos, culturales y educacionales.

Tomemos el ejemplo de caso del Comité central del PCUS. Las estadísticas muestran que, como resultado de las depuraciones, cerca del 70% de los miembros del Comité central en el curso del XX y XXII congresos. Y cerca del 50% de los miembros elegidos en el XX Congreso también fueron expulsados en el XXII Congreso.

A partir de 1963, se dividirán los comités: en industriales, comités agrícolas, este nuevo sector removió a más de la mitad de los miembros de los comités centrales del partido de las republica federadas y de las regiones.

d) El debate económico:

En la primera mitad de la década del 60 tendrá lugar el gran debate económico que culminara con la implantación de un nuevo sistema. En 1962 se inicio el debate por la reforma económica, que ponía el centro en el principio de la ganancia.

El artículo de Liberman aparecido entonces estaba destinado a preparar la opinión pública para afrontar el rumbo. La idea central de este trabajo es: El que funcione o no una empresa se determina por el monto de trabajo que obtenga.

Se hizo un primer experimento en 80 empresas y en 1965 se acordó implantar el nuevo sistema económico, observando el principio de la ganancia. El núcleo de las decisiones residía en la búsqueda de lucro, por eso dio preferencia a la ganancia de monto de cada empresa. Se fijo para cada empresa una cantidad de ganancia que debía ser entregada al estado de acuerdo con los fondos de capital invertido.

¿Cuál era el destino del excedente generado por las empresas?

Una parte se dispone al director de la empresa, otra a los fondos de bienestar, vivienda, etc.…; otra a los fondos de desarrollo productivo. Se aprobó además una reglamentación empresarial por la cual cada empresa tiene derecho a dar arriendo o vender los medios de producción que le sobran, lo que antes no estaba permitido.

Cada empresa tiene derecho a contratar o despedir obreros y a fijar los precios de algunos productos nuevos. El nuevo sistema, en un principio fue experimental.

Simultáneamente a la implantación de estas modificaciones sustanciales en la estructura económica se profundizo una campaña teórica e ideológica tendientes a legitimarlas.

En lo que respecta al terreno filosófico y sociológico, también se fue elaborando una teoría que diera cuenta de la diferenciación de clases y su relación con la sociedad comunista. En el periodo comprendido entre 1962 y 1964 se desarrollo una cuestión acerca de la aplicabilidad o no, en el periodo del transito al comunismo, de las tesis marxistas sobre la división social del trabajo.

Prevaleció la idea de que había que abandonar todo “utopismo” que pudiese afectar el ritmo de crecimiento de la “Economía socialista”.

Strumlin pronostico que los hombres se podrían liberar de la división del trabajo gracias a la automatización. Por su parte, un representante de la filosofía oficial: Giezerman, escribía en Kommunist que había que llamar al orden a los izquierdistas que pretendían resucitar el “igualitarismo pequeño-burgués”

e) Los orígenes de la “nueva clase”:

Es preciso recapitular algunos aspectos de la historia soviética para rastrear el origen de este proceso. Después de la victoria de la revolución de Octubre se estableció la dictadura del proletariado en la URSS. Como resultado de la nacionalización de la industria y la colectivización de la agricultura se liquido la propiedad privada capitalista y estableciéronse la propiedad socialista de todo el pueblo y la propiedad colectiva.

Al mismo tiempo, en los siguientes decenios se lograron grandes éxitos en el curso de la construcción socialista.

Después de realizada la nacionalización de la industria y la colectivización de la agricultura, subsistieron la vieja burguesía y otras clases explotadoras derrocadas, pero no aniquiladas totalmente, subsistió la influencia política e ideológica de la burguesía; subsistieron las ideas capitalistas espontáneas en la ciudad y en el campo.

Se engendran incesantemente nuevos elementos burgueses y kulaks. Durante un largo periodo ha continuado y continúa la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, la lucha entre el camino socialista y capitalista, en los terrenos políticos, económicos e ideológicos.

Ya en los primeros días después de la revolución de Octubre; Lenin hizo ver que la ideología y la fuerza de la burguesía y la pequeña burguesía cercaban y afectaban al proletariado desde todas direcciones, corrompiendo a ciertos sectores de este. Se afianzaban nuevos elementos burgueses dentro del escenario soviético.

Por eso Lenin, hizo particular hincapié en la necesidad de luchar con perseverancia contra la influencia de las ideologías burguesas y pequeño-burguesas.

De movilizar a las amplias masas, que participaran en la administración del estado. Al mismo tiempo insistía particularmente en la necesidad de atenerse, en la política relativa a los sueldos, al principio de la comuna de Paris, el que todos los que desempeñaran cargos públicos cobraran un sueldo de obrero y solo a los especialistas burgueses se le pagaran altos sueldos.

Desde la revolución de Octubre hasta el periodo de restablecimiento de la economía nacional, en la Unión Soviética se siguió en lo fundamental esta indicación de Lenin. A los dirigentes de los organismos del partido y del gobierno, así como los responsables de las empresas y los especialistas comunistas, se les pagaban sueldos más o menos equivalentes a los salarios de los obreros.

En ese momento, el partido Comunista y el gobierno de la unión Soviética adoptaron, en lo político e ideológico y en el sistema de distribución, una serie de medidas encaminadas a impedir que los cuadros dirigentes de los diversos organismos abusaran de su poder, se corrompieran y degeneraran políticamente.

El PCUS bajo la dirección de Stalin persistió en la dictadura del proletariado y en el camino del socialismo, y lucho contra las fuerzas capitalistas.

Las luchas libradas en el seno del Partido fueron en esencia un reflejo de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, de la luca entre los dos caminos: El socialista y el capitalista.

Pero dentro de los errores que se pueden marcar en Stalin, se puede observar una desviación de la dialéctica marxista-leninista, en cuanto a la comprensión de las leyes de la lucha de clases en la sociedad socialista. A causa de todo esto, Stalin declaro prematuramente, después de consumada en lo fundamental la colectivización agrícola, que:

No hay ya clases antagónicas, ni choques de clases en la unión soviética

Subrayo unilateralmente la unidad interna de la sociedad socialista y menosprecio sus contradicciones.

No se apoyo en la clase obrera y las vastas masas populares en la lucha contra las fuerzas capitalistas y considero la posibilidad de restauración capitalista solo como un problema, relacionado con ataques armados de imperialismo internacional.

Stalin relajo la lucha ideológica creyendo que una vez resuelto el problema del poder se podían dedicar todas las fuerzas a la construcción económica.

Si bien después de finalizada la II Guerra Mundial organizo ciertas criticas en el terreno cultural la critica se limito a las esferas profesionales de cada rama a pequeños círculos, sin abandonar a las amplias masas.

No se puede negar que, antes de la muerte de Stalin, en la URSS ya se había implantado el sistema de altas remuneraciones para ciertos números de personas ni que algunos cuadros se había trasformados en elementos burgueses.

En el informe al XIX Congreso se señalo que existían degeneraciones y corrupción en algunas organizaciones del partido. Los dirigentes de estas se habían convertido en pequeñas camarillas, anteponiendo sus intereses de grupo a los intereses del partido y del Estado.

Algunos dirigentes de empresas industriales olvidaban que las empresas confiadas a su tutela y dirección pertenecerían al Estado y trataban de convertirlas en un feudo propio.

Algunos trabajadores de los organismos del partido, de los soviets y agrícolas, en vez de salvaguardar los intereses de la economía social, de los Koljoses, se dedicaban a sustraer los bienes de los koljoses.

En los campos de la cultura, el arte, y las ciencias, aparecieron obras que atacaban y difamaban al sistema socialista y surgió el monopolio de grupos de científicos, artistas e intelectuales.

Todo esto se acentuó a la muerte de Stalin, operándose con el ascenso de Kruschev y su grupo cambios radicales en a relación de fuerzas entre las distintas clases de la Unión Soviética.

Al se restituido el principio socialista de “Cada uno según su capacidad: a cada uno según su trabajo” por el llamado incentivo material no se ha reducido sino que ha aumentado la diferencia entre el ingreso de una pequeña parte de gente y de los obreros, los campesinos y los intelectuales en general; se ha apoyado a los elementos aburguesados que ocupan puestos de dirección, animándolos a abusar aun mas el poder y apropiándose de los frutos de trabajos colectivos.

De esta manera se ha acelerado la diferenciación de clases en la sociedad soviético.

f) La reforma económica:

Con el reemplazo de Kruschev por Brezhnev en la cúspide del poder soviético a fines de 1964 no se produjeron alteraciones fundamentales en el camino que venia siguiendo la Unión Soviética.

Al contrario al año siguiente, al año siguiente se da sanción oficial definitiva a la llamada reforma económica.

Con el cambio de Status de las empresas sancionado en 1965 se profundizo el desarrollo del capital monopolista del Estado. Ante todo cabe recordar que se trata de grandes empresas- industriales, agrarias (sovjoses) y de servicios-, muchas veces asociadas y con una red de filiales. Una de las características del curso actual es que se combina la programación central de algunos índices de crecimiento económico a largo alcance con los planes y la política propia de cada grupo monopólico.

Esto se inscribe en una línea de ir desarrollando grandes consorcios, o corporaciones gigantescas, que abarquen diversas ramas productivas, con sus propios grupos de investigación, su propia red comercial y, además ligada directamente al comercio internacional.

Esta misma línea se impulsa en el campo se impulsa en el campo: asociaciones de producción interkoljosianos y estatal-koljosianas y complejos agro-industriales.

g) Situación de la clase obrera:

En el nuevo ordenamiento jurídico sancionado en 1965, se otorgo a la empresa el derecho a organizar el trabajo y a establecer las normas de producción con el fin de lograr un elevado rendimiento. Se especifico que el régimen de trabajo interno es obligatorio para todos los que trabajan y se otorgo el derecho de despedir o sancionar a los obreros. La situación posterior al XXIV Congreso esta ilustrada por la sanción de una nueva ley, la de “Reglamentación de los derechos del comité sindical de fábrica, empresa e institución” en ella se establece que la empresa debe consultar con el comité sindical para admitir en el trabajo a jóvenes comprendidos entre los 15 y a los 16 años de edad y para permitir la “simultaneidad de empleos”.

h) La apropiación privada:

La reforma especifica que la empresa opera a su administración o usufructo, que lleva su propia contabilidad y tiene personería jurídica. Para ampliar sus inversiones, la empresa recurre al crédito. Con los nuevos beneficios obtenidos lo va amortizando y pagando el interés correspondiente. Casi la mitad de las nuevas inversiones (renovación de maquinaria y construcción de nuevas empresas y obras básicas) ya ha sido hecha no con fondos del presupuesto nacional soviético, sino en base a los beneficios de las empresas. La tendencia es a seguir incrementando su papel y a reducir cada vez más las inversiones estatales centrales.

Lo mismo ocurre con el fondo de salarios. Un tercio de los aumentos operados durante el octavo quinquenio tuvieron como base los beneficios individuales de las empresas. Y también en este caso la tendencia es a profundizar este curso.

El estado establece una nomina de productos de una empresa dada debe producir y fija los respectivos precios. Pero queda un margen suficientemente amplio como para que se fabriquen otras mercancías, teniendo ya en este peso la propia empresa el derecho de establecer los precios. Las empresas se disputa la mano de obra mas calificado. Según el monto de sus ganancias pueden ofrecer mejores condiciones de salario o de vida con el fin de lograr en sus plantas un número estable de mano de obra.

Esto último constituye para ellas una necesidad imperiosa porque la llamada “fluctuación de trabajo”, es un fenómeno que provoca ingentes pérdidas.

i) Los kolvjoses:

Otro componente clave del proceso de reforma son las modificaciones instituidas en el ordenamiento kolvjosiano. Ya hemos indicado que en la reforma de la empresa están incluidos también los sovjoses.

En el compendio de la Historia del Partido Comunista de la unión Soviética, elaborado por una comisión del Comité central presidida por Pronomariov se señala: “La superación del atraso de la agricultura y la eliminación de los obstáculos que frenaban su desarrollo fue la principal tarea económica en que centro su atención el partido en correspondencia con las decisiones de su XX Congreso. La agricultura iba atrasada por toda una serie de causas. La guerra le había inferido grandes daños.

Una medida importante fue la reorganización de las estaciones de maquinas y tractores del Estado. Estas disponían de casi todas las maquinas agrícolas y los koljoses tenían la tierra. Las estaciones de maquinas y tractores cumplían en los koljoses por contrato, las principales labores agrícolas (Roturación, siembra, recolección) y eran pagadas en especies, es decir, con parte de la cosecha recogida en los koljoses.

Al principio, cuando la mayoría de los koljoses eran pequeños y económicamente débiles, tal orden de cosas resultaban satisfactorios: Pero luego, cuando los koljoses pasaron a ser grandes haciendas y se hubieran fortalecido económicamente, ellos mismos podían adquirir todas las maquinas que necesitaban.

Por eso, las estaciones de maquinas y tractores fueron liquidadas y las maquinas de que disponían se vendieron a los koljoses.

La tierra y todas las maquinas agrícolas se concentraron en unas mismas manos, en los koljoses.

La liquidación de las estaciones de maquinas y tractores introdujo cambios en las relaciones económicas entre el estado y los koljoses (…) La ligazón económica entre el estado y los koljoses paso a basarse en las relaciones mercantiles.

El nuevo sistema (…) estimulaba el interés de los koljoses por aumentar la producción (…) cuando mas producía y vendía al estado, el koljoses mayores era sus ingresos.

Valoraciones del largo párrafo trascripto da una idea aproximada de los cambios operados en un sector fundamental del campo soviético. Cabe señalar que, mas adelante una comisión presidida por el propio Breshnev demoro cuatro años en elaborar el proyecto del nuevo estatuto-modelo para los koljoses, el cual fue finalmente aprobado en Noviembre de 1969.

Ello da una idea de la aguda lucha interna que se libro en torno de este problema.

Ostrounov hace la síntesis de las medidas adoptadas en el tercer congreso kolvjosiano y dice: “Se vigoriza la autonomía económica de los koljoses (…) gozaran del derecho de vender al Estado a precios mas elevados, la producción obtenida por encima del plan (…) puede establecer las relaciones directas con las organizaciones comerciales y vender sus productos en los mercados kolvjosiano.”

Además, se amplio el área de la parcela individual de cada familia. Ello sigue teniendo gran importancia para el kolvjosiano, como lo demuestra el hecho consignado por al prensa soviética en 1970, de que en Ucrania trabajan solo 180 días al año en la tierra colectiva y en Georgia únicamente 135 días anuales.

Desde 1965 a 1969 se disminuyeron los impuestos que tributaba el agro y se atenuaron las restricciones a la economía privada subsidiaria.

Estas medidas beneficiaban económicamente a todos los koljoses, pero tenían un efecto multiplicador en la acumulación del Kolvjose y d e los kolvjosianos ricos, mientras que para los pobres no pasaron de ser paliativos.

En otro plano hay que mencionar también que se expande a ritmo acelerado la construcción privada de viviendas en las ciudades mediante empresas cooperativas de la construcción, como también la que emprenden a su cargo los establecimientos industriales y de servicios de los koljoses. Los propietarios pueden vender sus casas o cederlas a los herederos.

j) Los problemas críticos de la economía:

Últimamente se han agudizado algunos problemas crónicos de la agricultura, la productividad del trabajo, la eficiencia y la calidad de la producción, a pesar de las esperanzas depositadas por los núcleos dirigentes en las bondades de la reforma económica.

1972 ha sido un año extremadamente tenso para la economía soviética. Ello ha llevado a reducir drásticamente el plan quinquenal aprobado en el XXIV Congreso. Esto no se debe centralmente al factor coyuntural de las malas condiciones climáticas en la región agrícola europea. Sus causas son mas profundas.

Las condiciones complejas que rodearon la realización del proyecto del nuevo sector hegemónico pueden dividirse en dos tipos de factores:

· Los favorables

· Los desfavorables.

Los primeros incluyen el inmenso poder político y económico que se concentra desde el inicio en ese sector. El dominio de una región importante de Europa. Las reglas del juego político en el interior de la nueva clase que facilita su unificación en torno al proyecto hegemónico en cada momento. Entre los factores desfavorables deben computarse las contradicciones sociales y políticas. Que se originan con la nueva política en un país que protagonizo una profunda revolución social; las contradicciones algunas antagónicas, que se han generado en el seno del movimiento comunista en particular la ruptura con la republica popular China que presenta un modelo opuesto de desarrollo social: la disputa por la hegemonía mundial con una potencia de característica técnica y militar como lo fue EE.UU.

El otro problema clave que hizo fracasar el XXIV congreso fue la baja productividad de trabajo. Esto tiene además de sus connotaciones y políticas una incidencia económica fundamental, el plan quinquenal basaba los índices de aumento de la producción en un 80% en el incremento de la productividad del trabajo.

En lo referente a la renovación tecnológica la URSS tiene problemas críticos irresueltos que se arrastran desde la década del 50. Mientras comparte el primer puesto con EE.UU. en tecnología espacial e industria bélica, su nivel técnico general en el conjunto de la industria tiene por lo menos XX años de atraso respecto del nivel alcanzado por los grandes países capitalistas. Por ejemplo la URSS produce 15 veces menos que EE.UU. esto le plantea al núcleo dirigente la necesidad de adoptar determinadas opciones políticas, internas y externas.

Alrededor de ellas, se libra una aguda lucha. No pudiendo disminuir la inversión en gastos militares ¿De donde extraer el capital necesario para renovar la Tecnología? Además, ¿Que cambios sociales y económicos deben introducir para aumentar la eficacia de la producción? El núcleo dirigente esta en plena negociación con diversos grupos monopólicos norteamericanos, europeos y japoneses. Con el fin de lograr grandiosas inversiones que le permitan resolver la renovación de las TICS.

g) La política exterior:

La política exterior de la URSS se viene orientando en su relación con el imperialismo norteamericano hacia la concertación de ciertos acuerdos políticos, económicos y militares, pero en el marco de una creciente disputa por el control de zonas de influencia: Europa, el Mediterráneo, el cercano oriente, América latina, etc…

El desarrollo del armamento nuclear soviético ha llevado a la necesidad de concertar acuerdos con los EEUU: el tratado de previsión parcial de las armas nucleares en 1963: el tratado de no proliferación en 1968, las negociaciones SALT armas nucleares estratégicas. Estos acuerdos intentan por un lado, monopolizar la producción del armamento atómico. Por otro lado, ejercer con ellos una presión sobre los otros países imperialistas y sobre el tercer mundo en su conjunto. De todos modos, ambas superpotencias siguen aumentando su presupuesto militar y acrecentando su potencial armamentista.

En los años de la década del 60 se ha profundizado la dependencia económica, política militar de los países del pacto de Varsovia, salvo Rumania, respecto de la URSS, proceso particularmente agudizado en los casos de Checoslovaquia y Mongolia donde la URSS, mantiene centenares de miles de soldados en la frontera con China.

Últimamente se ha acentuado la inserción activa de la URSS en el mercado capitalista mundial, multiplicando sus lazos con las burguesías imperialista y su rivalidad con ellas. Esto ha acelerado un proceso que muchos ideólogos imperialistas y desarrollistas llaman: “Convergencia de las sociedades altamente industrializadas”. Se tarta de la unificación creciente de los hábitos, de los valores, de los modelos de consumo, en fin, la convergencia del punto de desarrollo económico, político e ideológico, de la sociedad soviética con el que sigue las sociedades de los países desarrollados de occidente.



DAN SOLER!.-


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